Mi bebé

Sigue el desarrollo de tu bebé mes a mes, a partir del momento de la concepción hasta la fecha del nacimiento.

Embarazo mes a mes

Primer mes: un nuevo ser se va formando

¿Cuándo quedaste embarazada?

La ovulación suele ocurrir unos 12 a 14 días después del primer día de tu último ciclo menstrual. En ese momento, tu óvulo es fértil durante 24 a 48 horas. Si en ese lapso es fecundado por un espermatozoide, se produce la concepción de una nueva vida como la que ya llevás dentro tuyo.

El óvulo fecundado es milimétrico, pero a pesar de eso ya tiene los 46 cromosomas con toda la información genética que tu bebé necesita para su desarrollo. Una mitad de esa información procede del padre y la otra mitad de la madre: las características genéticas de tu hijo ya están predeterminadas en la concepción.

Todos los óvulos tienen un cromosoma X, por lo tanto el sexo del bebé viene determinado por los espermatozoides del padre. Hay espermatozoides con un cromosoma Y, en tanto otros tienen un cromosoma X. Si un cromosoma Y fecunda al óvulo, será varón (XY) y si es X será una nena (XX).

El primer síntoma de un posible embarazo es, por supuesto, la ausencia de tu ciclo menstrual. Algunas mujeres también pueden comenzar a percibir signos tales como pechos sensibles e hinchados, náuseas, mareos y cansancio. Todo esto se debe al gran cambio hormonal que vive tu organismo, generando las sustancias necesarias para la anidación del óvulo. Hasta saber que están embarazadas, muchas mujeres suelen atribuir esos síntomas a su próximo ciclo. Pero vos ya sabés que es porque estás esperando un bebé!

Segundo mes: se forman sus órganos

Tu bebé seguirá creciendo hasta alcanzar unos 4 centímetros. Pesa apenas unos gramos pero su desarrollo ya es considerable. Todos sus órganos internos ya están esbozados de forma elemental, y a lo largo de los 200 días que faltan cada órgano crecerá y aumentará su efectividad funcional hasta llegar a la madurez previa al parto. Tu nutrición es clave para la diferenciación celular en este proceso.

Es muy posible que en este mes experimentes un aumento de la salivación, y es habitual que tengas los primeros antojos. Antes se creía que eran simples reclamos de atención, pero hoy se sabe que el organismo te está pidiendo lo que necesita. Prestales atención y satisfacelos de manera moderada.
 
Si por la mañana sentís náuseas o mareos: no te preocupes, es normal. Es bueno que te quedes en la cama un rato más y si es posible dejá que tu pareja te traiga el desayuno a la cama. Una ingesta moderada de hidratos de carbono (por ejemplo unas galletitas) y un poco de líquido en pequeños sorbos, puede ayudarte a disminuir la sensación de náuseas.

Tercer mes: ya se vislumbra su forma

El embrión mide unos 9 centímetros. Su cabeza es enorme en comparación con el resto del cuerpo. Aparecen las orejas, la nariz y los labios. En las extremidades ya son claramente reconocibles el codo y la rodilla. Podés ver esas formas en la sección "Cómo crece el bebé".   

Es posible (no imprescindible) que en este mes tu médico te pida la primera ecografía. De ser así, ya lo verás moverse e identificarás sus formas. Vas a ver su corazoncito latiendo a una velocidad increíble(140-150 latidos por minuto). ¡Preparate para emocionarte!

Algunos de sus órganos ya funcionan: el estómago segrega algunos jugos gástricos y sus riñones comienzan a eliminar los primeros desechos. Y todo esto en un cuerpito del tamaño de tu dedo mayor, que pesa unos 15 gramos.

Tu útero tiene la forma y el tamaño de una pera. Debido al aumento de su tamaño, presiona tu vejiga y esto hace que tengas necesidad de orinar con frecuencia. Es normal un aumento del flujo vaginal así que es importante mantener una buena higiene externa. Si sentís picazón o ardor debés consultar con tu médico. Las bacterias en la orina pueden multiplicarse, así que es necesario que bebas mucho líquido, en especial agua mineral, jugos naturales y té.

Cuarto mes: ¿Nena o varón?

Por su considerable aumento de tamaño, al embrión ya se lo llama feto: pesa unos 150 gramos y mide más de 15 centímetros. La boca adquiere su perfil definitivo, se forman el paladar, los labios y se esbozan los dientes y las cuerdas vocales.

Los párpados ya cubren sus ojitos, aunque están pegados y recién se abren en el séptimo mes. Muchas partes de su cuerpito ya tienen sensibilidad al tacto.
Hasta ahora el desarrollo era independiente del sexo, pero en este mes se empiezan a formar los labios de la vulva de las nenas. De los mismos pliegues del tejido, si es un nene tomará la forma del pene y los testículos. Asombrosamente las glándulas germinales internas de ambos sexos ya contienen óvulos y espermatozoides muy primarios que más tarde darán origen a tus nietos.
 
El bebé empieza a moverse de forma más coordinada gracias a los músculos y nervios que van madurando muy lentamente: gira la cabeza, levanta las cejas, arruga la frente y abre la boca.

En tu cuerpo, los síntomas molestos de los primeros tres meses tienden a desaparecer. En el cuarto y quinto mes es posible que te sientas particularmente bien. Es un buen momento para preocuparte por tu dentadura, ya que los cambios hormonales debilitan tus dientes y encías. Cepillálos con frecuencia y con cuidado, y consultá a tu obstetra sobre la posibilidad de incorporar suplementos de calcio y flúor para fortalecer tanto tus piezas dentarias como las del bebé, que están en plena formación.

Quinto mes: ¡Se mueve!

Entre las semanas 16 y 24 comenzarán los movimientos de tu bebé. Algunos bebés son más activos que otros, sus movimientos te irán diciendo cuáles son sus períodos de descanso y cuándo está con toda su energía. Todavía tiene mucho espacio para moverse y está rodeado de un cuarto litro de líquido amniótico, que amortigua los movimientos de su cuerpito, que ya pesa unos 400 gramos y mide unos 20 cm.

La placenta cubre todas sus necesidades alimenticias y hasta que sus órganos hayan madurado por completo, asume las funciones del pulmón, el intestino y los riñones. Además la placenta produce hormonas que son fundamentales para preparar tu cuerpo para el parto, la lactancia y genera anticuerpos que te protegen a vos y a tu bebé contra las infecciones.
 
En este mes muchos de sus cartílagos se van transformando en huesos. Es importante que te asegures de consumir buenas cantidades de calcio, en especial incorporando más lácteos (queso, yogur, leche) a tu dieta. El calcio de tu dieta puede ser complementado con el que te aportan los suplementos vitamínicos, que siempre deben ser prescriptos por tu médico.

Si en este mes tu médico te recomienda realizarte una ecografía, vas a ver que el tamaño de su cabecita está más proporcionado con el de su cuerpo, y si tenés suerte tal vez hasta lo veas chuparse el dedo.

A esta altura del embarazo habrás aumentado entre 4 y 6 kilos, de los cuales sólo una décima parte corresponde al peso del bebé. ¿Dónde va el resto? La placenta, el útero, el líquido amniótico, tus pechos, el aumento del volumen sanguíneo y una mayor cantidad de agua. Por eso tal vez experimentes ligeras retenciones de líquido e hinchazón de manos y pies, en especial al anochecer y si el clima es caluroso. Es bueno que coloques las zonas hinchadas bajo el agua fría, masajeando en sentido ascendente con un cepillo, y dejándolas en alto después.

Sexto mes: A renovar el vestuario

Es posible que hasta ahora te arreglaras con ropa holgada y desabrochando botones. En este mes tu vientre aumenta su perímetro unos cuatro centímetros por semana. Es buen momento para ir de compras buscando ropa especial para el embarazo, que sea cómoda y te permita libertad de movimientos. Más allá de la necesidad de aplicarte diariamente cremas según indicación médica, hay corpiños y bombachas especiales que ayudan a que tu piel no absorba sola el mayor peso de tu panza y tus pechos, para evitar la formación de estrías.

El bebé sigue creciendo a pasos agigantados. En sus párpados empiezan a crecer pestañas y la piel de todo su cuerpo se cubre de una capa protectora blancuzca y grasosa llamada vernix, que evita que su piel se ablande con el permanente contacto con el líquido amniótico. En la espalda, brazos y piernas crece un finísimo vello llamado lanugo, que en la mayoría de los bebés desaparece antes del parto y otros lo mantienen hasta algunas semanas después (en especial los bebés nacidos antes de término).
 
Tu hijo ya pesa unos 800 gramos, mide 30 centímetros, y está más activo que nunca. Sus órganos siguen madurando lentamente pero sus pulmones, por ejemplo, aún no están preparados para respirar. A partir de ahora todo el esfuerzo del bebé se centra en madurar sus órganos y aumentar de peso y tamaño.

Es posible que en este mes comiences a sentir el endurecimiento de tu panza, que puede deberse a leves contracciones musculares de tu útero, y que son normales en la preparación progresiva hacia el trabajo de parto. Es bueno que tomes nota de cuándo las sentiste y con qué frecuencia, para comentárselo en tu próxima visita al médico.

El sexto mes suele ser un buen momento, dependiendo de tus obligaciones, para empezar un curso de preparto.

Séptimo mes: Increíble, pero tu panza sigue creciendo

El tamaño de tu útero ya está por encima de la línea de tu ombligo, y hacia el final de este mes llegará casi al arco de las costillas.

Es frecuente que en este mes tu bebé se chupe el dedo, e incluso que le dé hipo, por lo cual vas a sentir como golpecitos rítmicos en tu vientre. Es algo normal, por lo que no debes preocuparte.

Según la posición del bebé puede variar la forma de tu panza. Como a lo largo del día va cambiando de posición, puede ser que a la mañana tenga una forma y al acostarte otra completamente diferente.

Debido al aumento de peso, tu columna sufre una sobrecarga importante, y eso puede generar fuertes dolores de espalda. La natación, posturas correctas al dormir  y cuidados especiales evitando levantar peso o haciéndolo agachada en cuclillas, pueden ayudarte a disminuir el dolor.

Es muy probable que en este mes comiences a sentir un fuerte cansancio. Tu médico deberá descartar que no se deba a un cuadro de anemia, que es frecuente si tus depósitos de hierro no fueron adecuadamente preparados mediante la suplementación multivitamínica con dosis moderadas de hierro (60 mg) desde los primeros meses del embarazo. Es más sencillo y mejor tolerado prevenir la aparición de anemia desde los primeros meses, en vez de recurrir a altas dosis de hierro en este mes, que suelen ser toleradas con dificultad.

En este mes, pensar frecuentemente en el parto y sus temores ya es parte de tu vida cotidiana. La mejor preparación es acudir a un curso de preparto con tu pareja, donde te enseñarán técnicas de relajación, ejercicios, respiración y trabajo de parto, junto con otras mujeres que están viviendo la misma experiencia. Todo esto irá despejando tus dudas, dándote más seguridad y estrechando el vínculo con tu pareja para recibir a su hijo.

Octavo mes: Tu bebé ve, oye... y merece un bolso propio

El desarrollo de los sentidos de tu bebé está en pleno progreso. Abre y cierra los ojos, distingue lo claro de lo oscuro. Su oído se perfecciona. Si le hablas te escucha perfectamente y reconocerá tu voz inmediatamente después del parto. También puede oír e identificar otros sonidos como la voz del papá, música, y los sonidos de tu cuerpo que para él son un arrullo: tu torrente sanguíneo, el latido de tu corazón. Su propio corazoncito late rápido y fuerte, con 140 latidos por minuto. Si tu pareja acerca su oído a tu panza, con suficiente paciencia va a poder escucharlo.

Tu bebé ya pesa 2 kilos y mide 40 centímetros. En estas semanas que faltan seguirá engordando y acumulando grasa y nutrientes que lo proveen de anticuerpos para defenderlo de virus y bacterias, en especial en sus primeros meses de vida en los que su sistema inmune es aún muy débil y tu leche le proveerá todo lo que necesite.

El útero es casi tan alto como en el momento del parto, y soporta un buen peso. En estas últimas semanas es vital que cuides tu sistema circulatorio, para evitar la formación de várices y derrames sanguíneos. Tratá de mantener tus piernas en alto, no estar muchas horas de pie y darte masajes bajo el agua fría. La vitamina C es un buen aliado ya que disminuye la fragilidad de los vasos capilares e interviene en la síntesis del colágeno.

En este mes, es bueno que empieces a preparar con tiempo el bolso que llevarás a la clínica o al hospital cuando llegue el parto.

Aquí te damos una lista sugerida de elementos que recomendamos incluir en tu bolso:

Para vos

  • Un camisón o una camisa grande para usar durante el parto, aunque es muy probable que el hospital te proporcione una bata
  • Toallas de mano
  • Pantuflas
  • Dos camisones o pijamas abotonados, que facilitarán su apertura para dar de mamar al bebé
  • Una bata o salto de cama
  • Varios pares de ropa interior
  • Apósitos
  • Jabón
  • Champú
  • Cepillo para el pelo
  • Cepillo de dientes y pasta dentífrica
  • Cualquier otro artículo de tocador, cosméticos o artículos para el cabello que quieras llevar.
  • Números de teléfono de las personas a quienes quieras llamar
  • Ropa cómoda, suelta para ponerse el día en que vuelvas a tu casa
  • Faja abdominal

Para tu bebé

La mayoría de los sanatorios proporciona todo lo básico que necesitan los recién nacidos durante su internación: una gorrita tejida, una camiseta, pañales y mantas.

  • Cuando sea hora de llevar a casa al bebé, necesitará sus propias cosas
  • Una manta pequeña; abrigada, si hace frío
  • Ropa para usar el día de ir a casa, incluidos una camiseta, una gorrita y escarpines
  • Pañales descartables
  • Una sillita para el automóvil (si lleva al bebé a casa en automóvil)
  • Chupete
Noveno mes: preparándote para el parto

El bebé está cada vez más grande y tiene menos espacio. Por eso es normal que se mueva menos. Se está preparando para el esfuerzo del parto y ya se ha colocado en la posición de salida. La cabeza, que en la mayoría de los casos ya está para abajo, se encaja en la pelvis, gracias a la acción de contracciones previas, llamadas falsas contracciones. Se diferencian de las de parto porque no son regulares y son más débiles, y ayudan a que el bebé se acomode, unas tres semanas antes del parto. Algunas mujeres de hecho no las perciben como contracciones sino como el endurecimiento de su panza. Es bueno que anotes la fecha y se lo comentes a tu médico. Una vez que el bebé está encajado en tu pelvis, tu panza baja algunos centímetros y la falta de aire que tal vez sentías frecuentemente, se alivia.

La cabecita del bebé tiene un gran perímetro, una mínima capacidad de deformación y es bastante pesada, por lo cual ensanchará el canal de salida para el resto del cuerpo.

En pocos casos el bebé se encaja al revés, con su cola en tu pelvis. Es posible que de todos modos pueda nacer por parto normal, pero tu médico es quien decidirá esto.

En cambio, si el bebé no está encajando de cabeza sino atravesado, lo más probable es que sea necesario practicar una cesárea.

¿Cuándo llega el parto y cómo reconocerlo?

Lo habitual es que el bebé nazca en la semana 40, pero no hay regla sin excepción y sólo un pequeño porcentaje nace exactamente en la fecha indicada. El proceso de parto se desencadena porque la placenta ha llegado a su edad máxima, lo que genera un cambio en las hormonas maternales y que comience el trabajo de parto.
 
Una de las primeras señales de parto son las contracciones, que son dolores similares al dolor que acompañaba tus menstruaciones, o a los retorcijones que se experimentan al mover el vientre. Estas contracciones van a presentarse de manera regular, al principio cada 15 a 20 minutos y luego con más frecuencia, permitiendo la dilatación del cuello del útero para ensanchar el canal de parto por donde nacerá el bebé. Tomá el tiempo que dura cada contracción, y la frecuencia entre una y otra. Las contracciones tenderán a ser más largas y frecuentes.

Cuando esto suceda, es porque ya empezaste el trabajo de parto. Con calma, sin inquietarte, lIamá a tu médico ya que es muy posible que te indique ir al lugar ya previsto para tener a tu bebé, donde continuarás el trabajo de parto asistida inicialmente por la partera y tu pareja. Tu médico llegará tan pronto como sea posible y mientras tanto es importante que no te inquietes y te relajes, aprovechando los ejercicios que aprendiste en el curso de preparto.

En algunos casos también se da la ruptura de la bolsa, que vas a reconocer porque se derrama una buena parte de líquido amniótico, sin previo aviso. Luego de romper bolsa es usual que se presenten las contracciones. Siempre es fundamental que le avises a tu médico, quien te dará indicaciones sobre la posible necesidad de dirigirte al lugar del parto.

Yo estoy...