Mi cuerpo

El post parto o puerperio es el período que comúnmente se conoce como cuarentena. Un período durante el cual la mujer recupera su estado anterior al embarazo.

Las primeras semanas tras el nacimiento del bebé pueden ser excitantes, pero tenés que controlar tu evolución tras el parto y el modo en el que te adaptás a tus nuevas tareas, que van a ser exigentes y demandantes, por lo que es importante que tomes una serie de recaudos para no agotarte rápidamente.

Tu vida da un giro completo tanto en el aspecto psicológico como en el físico. Aparecen cambios en tu cuerpo y puede que hasta en la forma de relacionarte con tus amigos, familiares, e incluso con tu pareja

De forma gradual, con paciencia y cuidados de los que te rodean, te irás recuperando y surgirá una agradable rutina para toda la familia.

Las molestias y los cambios típicos de estos días requieren una especial atención por parte de la mujer así como de su ginecólogo para evitar la aparición de problemas orgánicos y psicológicos.

Algunas de las cuestiones que suelen preocupar a la mujer con más frecuencia son los dolores post parto, algunos de los cuales se deben a la contracción del útero para volver a su posición habitual en la pelvis.

Se originan como respuesta fisiológica normal para reducir el sangrado genital mediante la contractura del músculo uterino. De este modo se consiguen cerrar las venas que nutrían a la placenta cuando estaba insertada dentro del útero durante la gestación.

Tras el nacimiento del bebé, el útero tiene una forma redondeada y una mayor consistencia debido a que se está contrayendo. Mide unos 18 centímetros de largo y pesa alrededor de 900 gramos. Con el paso de los días el útero va reduciéndose hasta alcanzar su tamaño y peso normales.

Los dolores pueden ser más fuertes a partir del segundo parto, ya que la musculatura uterina está más flácida. También son más Intensos y frecuentes durante la lactancia materna, ya que la succión del niño provoca la liberación de oxitocina, una hormona que estimula las contracciones uterinas y de los conductos de canalización de la leche dentro de la mama, propiciando la "bajada de la leche".

 

El dolor suele desaparecer al cabo de 5 ó 6 días. En caso contrario hay que acudir al médico para que realice una exploración y determine si existe o no alguna anomalía en el útero.

Además de estas posibles molestias, tal vez durante el parto te hayan efectuado una pequeña incisión denominada episiotomía, con objeto de evitar desgarros en la zona del periné y de facilitar la salida del bebé. Esta herida se cose con puntos de sutura que requieren algunos cuidados tras el parto.

A medida que pasan los días los puntos se van secando, por lo que podés sentir cierta tirantez y molestias. La herida cicatriza en unos 10 ó 15 días después del parto. No es preciso quitar los puntos. Se caen solos al ser de un material reabsorbible.

Si notás que los puntos están supurando, o que la zona presenta un enrojecimiento o una hinchazón asociados a fiebre, es conveniente que consultes con el médico ya que es posible que alguno se haya infectado. También es recomendable acudir al médico si notás pinchazos.

Para prevenir este tipo de problemas, se debe lavar dos o tres veces al día la zona con agua templada y un antiséptico disuelto en el agua y mantener siempre muy secos los puntos. Tampoco conviene moverse o estar de pie en exceso durante esos primeros días.

Si la madre permanece sentada, conviene evitar que todo su peso recaiga sobre los puntos. Para ello, se puede colocar una toalla enrollada o un flotador especial en el asiento en el lado contrario a la episiotomía.

Cuando se utilicen apósitos, es preferible que no tengan plástico para que la herida se airee mejor. No es recomendable el uso de tampones durante el post parto para evitar el riesgo de infección por acumulación de secreciones.

Para aliviar el dolor en la zona de la episiotomía se pueden aplicar compresas heladas durante los primeros días y tomar baños de asiento con agua tibia.

 

El útero vuelve a la normalidad

La transformación total del útero no culmina hasta unas seis semanas después del parto. La mejor prueba de que el útero ha vuelto a su estado original es que la mujer deja de notarlo cuando presiona el abdomen por debajo del ombligo.

Después del parto suelen producirse pérdidas vaginales, mezcla de sangre y restos del revestimiento del útero que se han formado durante el embarazo, así como de las secreciones que se producen al cicatrizar la herida que deja la placenta tras su expulsión.

Durante los primeros días, esas pérdidas tienen un color rojo intenso y en ocasiones, van acompañadas de coágulos de sangre. Después, el flujo adquiere un tono más oscuro y a medida que disminuye la cantidad se vuelve amarillento o blanquecino.

La desaparición total de este flujo suele ocurrir a partir de los veinte días, después del nacimiento del bebé, aunque puede llegar a durar hasta 6 semanas.

En el caso de que el flujo tenga mal olor o si las pérdidas sanguíneas continúan produciéndose de forma abundante después de los primeros quince días, es aconsejable acudir al médico. También si aparecen episodios de fiebre ya que pueden deberse a la persistencia de restos de fragmentos de membranas placentarias en el organismo de la mujer que pueden producir algún tipo de infección.

No uses tampones durante este período para evitar posibles infecciones. Lo más recomendable es el uso de toallas femeninas de gran tamaño y cambiarlas con mayor periodicidad.

 

Recuperando tu figura

La rapidez para recuperar tu figura depende de los kilos y los centímetros ganados en los nueve meses de embarazo.

Tras el parto se suelen perder entre 5 y 7 kilos que corresponden al bebé, al líquido amniótico, a la placenta y a parte del peso del útero y del líquido que hubiera retenido la madre principalmente en las piernas. El resto se va reduciendo de forma gradual en las semanas o meses posteriores al parto.

La hinchazón de las piernas y las manos debida a la retención de líquidos desaparece poco a poco. También se reduce el tamaño del abdomen que en algunas mujeres permanece algo hinchado durante algunas semanas. Esto se debe a la flacidez de los músculos de la pared abdominal por la distensión producida durante la gestación.

El post parto no es el momento de someterse a un régimen estricto. El parto y la crianza de tu hijo te exigen un gran esfuerzo, y es necesario que recuperes tus fuerzas mediante una dieta sana y equilibrada. En caso de sobrepeso, podés empezar una dieta una vez que hayas terminado el período de lactancia.

La pérdida de peso y la recuperación de la figura son graduales y no se producen de inmediato tras el parto, sino que es preciso algún tiempo. Además, aunque se pierda todo el peso del embarazo, no siempre se tienen las mismas medidas que antes debido a la distensión de los músculos.

Sin duda, una dieta equilibrada y la práctica de gimnasia de modo regular te ayudarán a acelerar el proceso y a recuperar el tono muscular más rápidamente.

 

Hemorroides

Uno de los problemas más frecuentes es la aparición de hemorroides debido a la tensión sufrida en la zona durante el embarazo y el parto.

Para aliviar las molestias, lo mejor son los baños de asiento con agua tibia. Esto es aún mejor que aplicar hielo. Si tu médico te lo indica, podés agregarle malva, una hierba natural con propiedades antiinflamatorias que ayudan notablemente a disminuir el dolor y reducir el tamaño de las hemorroides. El médico puede recomendarte también alguna medicación o pomada específica para las hemorroides si éstas no mejoran.

Es importante limpiarse muy bien de la vagina al ano, nunca en sentido inverso.

 

Estreñimiento

Puede ser que tardes unos días en realizar la primera deposición debido a que el intestino se vació antes del parto. En especial si se procedió a la aplicación de un enema antes del parto, una práctica frecuente.

Tras los primeros días se debe tratar de evitar el estreñimiento. No conviene realizar demasiados esfuerzos para defecar ya que aplicarían una tensión excesiva sobre la episiotomía. Es preferible ingerir fibra dietética o recurrir a algún tipo de evacuante en caso necesario. Cuando el estreñimiento sea muy fuerte, se pueden utilizar supositorios de glicerina o microenemas.

Una dieta de alimentos con un alto contenido en fibra así como beber mucho líquido ayudarán a prevenir y aliviar esta molestia.

Las mujeres que dan el pecho deben evitar la ingestión de laxantes salvo que el médico les recomiende uno suave.

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